martes, 11 de febrero de 2014
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Estamos a tan pocos días de celebrar aquél episodio de nuestras vidas en la que, por mi parte, fui muy feliz y tú, no sé. Se acerca ese día tan maravilloso que quedará siempre dentro de mi corazón y tal vez no sea por ti, sino porque creo que me enamoré de mi mismo. Aun recuerdo los instantes en los que había planeado toda una sorpresa para ti. Estuvimos cursando Contabilidad General y para muchas personas nosotros fuimos una de las parejas más lindas de la universidad (para mí, fuimos la mejor). Antes de clase, fui a comprar dos peluches muy curiosos a los que finalmente llamaríamos Elegante y Jirafita. Había planeado todo, desde las rosas, mi vestuario (traje elegante), globos y la hora en que te daría los regalos. Me encontraba muy nerviosa, ya que era la primera vez que iba a pasar San Valentín y pensé que sería con la persona con quien estaría por siempre. Sin embargo, me equivoqué. No eras tú. Tú solo me utilizaste para llegar hacia otra persona, hacia alguien que, no dudo, debió ser especial para ti, mas este hecho no fue excusa para usar un corazón al que llenaste de ilusiones, de promesas, de objetivos, metas a corto y largo plazo, sueños y esperanzas. Hoy, por eso, me siento solo, triste, engañado y destruido. Lo peor de todo es que te espero y tengo esperanza en saber que todo lo malo que pasó no fue más que un mal entendido. Siento pena de mí, pues pienso y pienso y no dejo de pensar en ti; no obstante, sueño con llegar a un paraíso, al final del túnel, donde la luz brilla tan radiante que hace brillar a todo lo demás. Ahora, solo espero que llegue San Valentín para poder sacarme todo este rencor de mí, para celebrar que hoy me enamoré de mí.
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